Reportaje de Expansión

“Frigoríficos Rosa de los Vientos, la empresa de la familia Otero que controla el negocio del pulpo” así comienza el reportaje, os invitamos a seguir leyendo.

Desde su empresa familiar, Frigoríficos Rosa de los Vientos, el matrimonio Otero comercializa el 60% de las capturas de pulpo en Galicia. Facturan siete millones de euros al año. Este animal, el más inteligente de los invertebrados, tiene tres corazones. Le enseñamos cómo cocerlo.

Aludiendo a aquel conocido spot de un juego de mesa, en la familia Otero Gonzáleztodos dan por bueno al pulpo como animal de compañía. Sobre todo porque en su gélida nave de 3.000 metros en Marín (Pontevedra) ellos y sus 20 empleados conviven con medio millón de ejemplares y porque llevan trabajando este fascinante y camaleónico manjar varias generaciones. Luego los cefalópodos se van marchando paulatinamente de casa rumbo a los cinco continentes (EEUU, Japón, Corea, Qatar, República Dominicana, toda Europa…), engordando la facturación de Frigoríficos Rosa de los Vientos, que así se llama la empresa que les da cobijo. “El pulpo es el animal más amoroso que existe: tiene tres corazones y ocho brazos para abrazar”, comenta Mercedes González Malvido (Bueu, Pontevedra, 14 de abril de 1955), matriarca de un clan que se ha convertido con los años, y no pocas vicisitudes, en el incontestable soberano del pulpo en España.

Más de 1.000 toneladas de producción al año, la mitad Octopus vulgaris gallego; más de siete millones de euros de facturación; más de 60% de todo el pulpo galego que se captura pasa por sus manos… Desde septiembre están certificados con los sellos Galicia Calidade y Pesca de Rías para su división de negocio O Pulpeiro, lo que garantiza que este molusco de roca, comprado en las lonjas de Cangas, Aldán o Bueu, se capturó en las aguas atlánticas, “donde Dios al descansar después de crear el mundo, se apoyó en su mano, dejando las huellas de sus dedos en las Rías”, juran por estos lares.

Para encontrar el más sabroso y auténtico pulpo del universo hay que navegar hasta la isla de Ons, a la bocana de la Ría de Pontevedra, donde emerge un edén diminuto y solitario que forma archipiélago con la isla de Onza y otros peñascos. Tanto allí como en las vecinas islas Cíes y Sálvora se esconden cefalópodos grandes y sabrosos, de hasta cinco kilos de peso, de dermis brillantísima y yodo para el paladar, que se alimentan de marisco, y por eso ofrecen su característico tono rojizo tras su inmersión en agua hirviendo. Un animal delicado en la cocción debido a su piel más fina, que puede malograr la presentación o emplatado. Comercializado a un precio de entre seis y nueve euros el kilo, no necesita sales ni aceites ni pimentones para ofrecer rotundidad y potencia sápida. Y no requiere de muchos ornamentos la historia de la saga Otero González, enroscada a la de sus amados pulpos. La tremebunda meteorología gallega fue trayendo todos los ingredientes. Desde el tibio sol, hasta la más bravía de las tormentas; sol, tímido y anhelado, para que la bisabuela de Mercedes deshidratara a la intemperie pulpos en varales que luego vendía en seco a Japón y EEUU; y tormentas, aterradoras y mortales, para precipitar destinos insospechados con final feliz.

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